Jimmy Liao

Chapuzones








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Jimmy Liao. La noche estrellada. Barbara Fiore, 2009





Me agradan los libros que se mantienen fieles a la misma esencia del arte, o sea, que brindan a los niños un conocimiento intuitivo y directo de la belleza sencilla, susceptible de ser percibida inmediatamente y que produce en sus almas una vibración que les durará de por vida.





Paul Hazard

Pan y rosas



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Jimmy Liao. Esconderse en un rincón del mundo. Barbara Fiore, 2009





La tinta recorre las esquinas de mi boca.
No hay felicidad comparable.
Estoy comiendo poesía.





Mark Strand, Comiendo poesía [fragmento inicial] en "Sólo una canción". Pretextos, 2004

Luna de Pascua


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Jimmy Liao. Esconderse en un rincón del mundo. Barbara Fiore, 2009



Una noche subí yo también; era una noche de primavera; el ambiente estaba tibio y tranquilo; lucían profundamente las estrellas; se destacaba, redonda y silenciosa, en el cielo claro la luna. Hacia ella dirigimos el tubo misterioso; yo ví un gran claror suave, con puntos negros, que son los cráteres extinguidos; con manchas blancas, que son los mares congelados. Y entonces, en esta noche tranquila, sobre el reposo de la huerta y de la ciudad dormida, yo sentí que por primera vez entraba en mi alma una ráfaga de honda poesía y de anhelo inefable.


Azorín, Confesiones de un pequeño filósofo. Seix Barral, 2005

Empuja



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Jimmy Liao. Esconderse en un rincón del mundo. Barbara Fiore, 2009



Para ver
la puerta abierta
has de pensar que la puerta
puede abrirse



Jorge Reichmann. El común de los mortales, Tusquets, 2011

Morse




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Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009




Ellie, tienes que dejar de prestar atención a lo que la gente dice... Lo que hace, eso es lo importante.


En "How about you...", dirigida por Anthony Byrne, 2007

Verano: cuaderno de pespuntes, 5



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Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009



Oro, fósforo, magnesio, papel. Allí nos encontrábamos a menudo. En verano había un tenderete abigarrado donde a ella le gustaba saborear tajadas de sandía y sorbetes de colores brillantes.
Tan frescos, tan jóvenes eran los pétalos abiertos de la boca que caía sobre la mía para saciar la sed del verano....
Era bueno estar allí desmañados, un poco tímidos, respirando agitadamente porque sabíamos lo que cada uno esperaba del otro. Los mensajes se transmitían prescindiendo de la conciencia, por la pulpa de los labios, por los ojos, por los sorbetes, por el tenderete abigarrado. Permanecer allí alegremente, tomados de los meñiques, bebiendo la tarde profundamente olorosa a alcanfor, como si fuéramos parte de la ciudad...



Lawrence Durrell, Justine. Edhasa

La noche está estrellada


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Jimmy Liao, La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009





Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.




Pablo Neruda, Poema nº 20, en 20 poemas de amor y una canción desesperada, Alianza Editorial, 2010

Andar sobre la piel del mundo


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Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009




Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.



Mario Benedetti, Viceversa

Los amigos no envejecen

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Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009





Y luego vas viviendo y te vas haciendo. Con suerte, y con esfuerzo, es posible que empieces a conocerte un poco. Y también vas encontrando a tu gente, a esas personas que se convertirán en tu mundo, en tu territorio. La única patria que reconozco son mis amigos. Es una patria exigente. La amistad requiere atención, entrega, riego constante. Hay que invertir muchas horas en cultivarla. Ahora que soy mayor, sé con toda certidumbre que es el mejor destino que puedes dar a tu tiempo. Es una de las cosas que he aprendido.
Digan lo que digan los animosos partidarios del optimismo vital, envejecer es algo bastante desagradable. Envejecer es perder; pierdes a la gente querida que se muere; pierdes capacidades físicas y, sobre todo, pierdes futuro: con lo hermosa que es la vida, cada vez se te queda más chica por delante. Pero con los años también ganas un par de cosas muy valiosas: sin duda experiencia, y si te lo trabajas, sabiduría, que es la suma del conocimiento intelectual y de la madurez emocional. Pero, sobre todo, ganas ese pasado común con los amigos. Crecer con los amigos, envejecer con ellos, ir trenzando a la espalda, con esos testigos de tu vida, años y años de una biografía compartida, es algo absolutamente maravilloso. Con los años, con los muchos años (yo tengo amigos activos desde hace tres décadas), las amistades se profundizan y agigantan. Alcanzan un nivel de emoción y de veracidad indescriptible.




Rosa Montero, Gracias. El País, "Maneras de vivir", 19/9/2010

Perfume de jazmín

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Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009






T'has alçat dins de mi
com un mar que desperta
el nou dia amb la llum
maragda del seu cant,
com un vol de palmeres
que busquen altres cels.

Has mirat i els teus ulls
han encés sols i fires
en la nit que em regnava
els anys i tots els somnis.

Ara sent com passeges
molt a espai les estances,
les fosques galeries
que abans eren silenci.
Ara sent els teus llavis
navegar-me les venes
i en el cor descansar
les teues mans quan tornen
de plantar de gesmil
el desert dels meus ossos.

Ara sent que m'habites
cada hora que passa,
plena ja de sentit
puix que plena de tu.


[Te has levantado dentro de mí
como un mar que despierta
el nuevo día con la luz
esmeralda de su canto,
como un vuelo de palmeras
que buscan otros cielos.

Has mirado y tus ojos
han encendido soles y ferias
en la noche que me reinaba
los años y todos los sueños.

Ahora siento cómo paseas
muy despacio las estancias,
las oscuras galerías
que antes eran silencio.
Ahora siento tus labios
navegarme las venas
y en el corazón descansar
tus manos cuando vuelven
de plantar de jazmín
el desierto de mis huesos.

Ahora siento que me habitas
cada hora que pasa,
llena ya de sentido
porque está llena de ti.]




Versos per a Anna, Marc Granell. Bromera, 1998

Feliz Año Nuevo




Jimmy Liao,
La noche estrellada, Barbara Fiore, 2009






La bóveda del cielo nocturno oscilaba sobre nuestras cabezas, nuevas constelaciones estelares se levantaban desde Oriente. En el aire frío el humo estaba cargado de chispas, la leña fresca tenía un olor agrio. [...] Desde el asiento de piedra y la piedra de molino, yo y Denys Finch-Hatton vimos un año Nuevo, la luna nueva y los planetas Venus y Júpiter juntos, formando un grupo en el cielo; era una visión tan radiante que apenas podía creer que fuera real, y nunca más la volví a tener.

Isak Dinesen, Lejos de África, Alfaguara, 1986