Prender una cerilla


Lucy Campbell 11

Lucy Campbell



Lo que hizo que Madeleine se incorporara en la cama fue algo muy semejante a la razón primera por la que leía libros y por la que siempre los había amado. Allí. delante de ella, había una señal de que no estaba sola. Allí había una articulación de lo que ella había estado sintiendo hasta ese momento.


Jeffrey Eugenides. La trama nupcial.

Libres de pecado


dautremer

Rebecca Dautremer



Si tratamos de buscar un término que se contraponga al pecado, aparecen de inmediato dos ideas: la felicidad y la alegría.
Es fiel quien no traiciona, quien se mantiene del lado de sus convicciones más íntimas, quien no claudica ante la tentación del poder.
La alegría es, por definición, compartida; nos acerca a los otros y nos introduce en el mundo de los placeres recíprocos, de la felicidad que da el ver a los demás felices.
A fin de cuentas, quizá la mejor manera de protegerse del pecado es precisamente ser feliz, lo cual no significa no sufrir, sino otorgar un sentido a todo lo que se hace, por insignificante que parezca, y encontrar siempre razones para seguir disfrutando en compañía.
El pecador sería en este sentido un infeliz, quizá con éxito, reconocimiento, poder, pero incapaz de acercarse al tesoro que guardan las personas, incapaz de sorprenderse por las pequeñas maravillas de la vida.




Gustavo Martín Garzo, Elisa Martín Ortega.
Los siete pecados capitales.

El gran azul

My uncle Emily

Nancy Carpenter, My Uncle Emily



Abril, por supuesto. ¿Recordáis cómo era abril cuando éramos jóvenes, esa sensación de líquida impetuosidad y el viento extrayendo cucharadas azules del aire y los pájaros fuera de sí en los árboles que ya habían echado brotes?



John Banville,
Antigua luz. Alfaguara, 2013 [libro electrónico].

Cabos de ancla



jessie willcox

Jessie Willcox Smith,
Spring



La mayor pérdida son los recuerdos, que ya no se desencadenan. En el cerebro el olfato y los recuerdos estaban conectados. La canela podía recordarte el delantal de tu abuela. El aroma de heno recién segado podía evocar el miedo a las vacas de la infancia. El olor del gasóleo podía traerte el recuerdo del primer viaje en ferry.
Sin el olfato desaparece un mar de imágenes del pasado...


Voz del narrador en
Perfect Sense, de David Mackenzie

Unas tijeras para podar espinos



a foot in a grave

Jan Pienkowski, A foot in the grave



Pero el sabotaje del mundo contribuyó estupendamente a su propio autosabotaje. El arte es difícil. Una tiene que estar de su propia parte. Y es difícil que las mujeres estén de su propia parte cuando se les dice que se espera que estén de parte de otra persona. El mundo refuerza todas sus dudas. Y luego llegan los hijos y la necesidad de ganarse la vida; y lo que no mata la desigualdad de oportunidades, lo echa a perder el amor.


Erica Jong,
Miedo a volar

En flor


liekeland7

Liekeland



Te has preparado un terreno irrigado, has rodeado con setos tu jardín. Has plantado hileras de sicómoros, disponiéndolos por toda la zona que rodea tu casa. Y llenas tus manos con todas las flores que ven tus ojos.


Papiro egipcio, 2.000 a.C.

Lenguas de fuego



jan van der kooi

Jan van der Kooi. Voorjaarsbriesje.



Qué importancia puede tener una literatura que no induzca al insomnio y no nos deje en un estado de vehemencia parecida a la fiebre.
Estuve leyendo 
Light Years a lo largo de toda una noche y sólo cuando alcé los ojos tras la última página me di cuenta de que había empezado a amanecer.



Antonio Muñoz Molina.
Noches leyendo a James Salter.

Alquimia


pascal

Pascal Campion



Toda la escena tenía una cualidad imaginaria. Yo sabía que era real, pero al mismo tiempo era mejor que la realidad, más próxima a una proyección de la realidad que yo deseaba que nada de lo que había experimentado antes. Mis deseos eran muy fuertes, arrolladores de hecho, pero solo gracias a Kitty tenían la posibilidad de expresarse. Todo dependía de sus respuestas, de sus sutiles incitaciones y de la sabiduría de sus gestos, de su ausencia de vacilación. Kitty no tenía miedo de sí misma y vivía dentro de su cuerpo sin embarazo ni dudas. Tal vez tenía algo que ver con el hecho de ser bailarina, aunque es más probable que fuera al revés. Porque le gustaba su cuerpo, le era posible bailar.

Hicimos el amor durante varias horas en la decreciente luz vespertina del apartamento de Zimmer. Sin duda, fue una de las cosas más memorables que me han sucedido nunca y creo que al final estaba completamente transformado por la experiencia. No estoy hablando solamente de sexualidad ni de las permutaciones del deseo, sino de un espectacular derrumbe de muros interiores, de un terremoto en el corazón de mi soledad. Me había acostumbrado de tal modo a estar solo que no creí que algo semejante pudiera ocurrirme.



Paul Auster,
El palacio de la luna.

Memoria (sagrada) del deseo



vestido

Sean Sevestre



Aquel liviano e inmortal vestido
que con mis manos resurrectas
yo arrugaba feliz contra tu carne
guárdalo para siempre en la penumbra
de tus baúles donde nadie pueda
verlo tocarlo olerlo nadie
excepto el tiempo que nos aniquila.
Guarda el vestido aquel pordiós consérvalo!

Caerán a nuestros pies como pájaros muertos
nuestra alegría y nuestra juventud.
La renuncia y los años darán con todo en la ruina
Pero el vestido aquel que duele
aquella cosa incomparable, el cuenco aquel
de tu calor y de tu olor, que dure,
que dure mucho, que nos sobreviva
Guarda el vestido aquel pordiós consérvalo!

Y que cuando tus deudos hurguen entre las sobras
apasionadas y oscuras de tu vida
nada comprendan de esa tela perpleja
todo lo ignoren de esa cosa suave agazapada
Y que sólo una especie de nostalgia increíble
sin nombre ya y sin nadie y sin sitio
y este poema clandestino y maltrecho
cuenten lo que allí había en el trapo sagrado




Félix Grande,
Las Rubáiyátas de Horacio Martín

Dame una fragua hecha de sol


Captura de pantalla 2013-03-14 a las 17.06.00

Michal Lukasiewicz



Tu lugar se encuentra en la larga procesión de personas de tu lengua que, a lo largo de los siglos, se han empleado en la misma extraña tarea que tú: han transformado la poca tierra y el mucho cielo que llevaban en sus corazones en un poema. No escribieron sus poemas porque les apeteciera, sino porque no deseaban morir. No deseaban morir, y no deseaban ver morir a los seres humanos que los rodeaban. Convirtieron el mundo en un poema para rescatarlo en ese poema.


Vasko Popa.